Hola soy Julio Martín
Actualmente soy maestro de Telebachillerato
Soy Pedagogo de profesión (UNACH-1993)
Tengo Maestría en Evaluación Educativa
Estudio el Doctorado en Educación (U. S.)
Para mí Mexico estaría mejor si tuviéramos mejores gobernantes con un alto grado de honestidad
donde no haya tanta corrupción e impunidad
pero no, es todo lo contrario
me da tristeza ver nuestras calles y avenidas llenas de basura
contar con más de 60 millones de pobres y de éstos 10 en extrema pobreza
no hay castigo para los actores de cuello blanco
por eso hacen lo que quieren.
Me gustaría que se iniciará la segunda revolución
porque ya estamos hasta la coronilla de tantas traiciones a nuestra Patria y a nuestra constitución
dicen que no hay mal que dure cien años pero nosotros ya lo rebasamos
¡¡¡urge el cambio!!!
se roban a diario millones y millones de pesos que se obtienen de las ganancias de
nuestros impuestos, de pemex, de la c.f.e., conagua y muchas instituciones más.
y quienes son los rateros
"pues nuestros políticos que son grandes magos para desaparecer el dinero"
Si no Chequen a Comte:
Si no Chequen a Comte:
Según esta doctrina fundamental, todas nuestras especulaciones, cualesquiera, están
sujetas inevitablemente, sea en el individuo, sea en la especie, a pasar sucesivamente por tres
estados teóricos distintos, que las denominaciones habituales de teológico, metafísico y
positivo podrán calificar aquí suficientemente, para aquellos, al menos, que hayan
comprendido bien su verdadero sentido general. Aunque, desde luego, indispensable en todos
aspectos, el primer estado debe considerarse siempre, desde ahora, como provisional y preparatorio;
el segundo, que no constituye en realidad más que una modificación disolvente de
aquél, no supone nunca más que un simple destino transitorio, a fin de conducir gradualmente
al tercero; en éste, el único plenamente normal, es en el que consiste, en todos los géneros, el
régimen definitivo de la razón humana.
I. Estado teológico o ficticio:
—En su primer despliegue, necesariamente teológico, todas nuestras especulaciones
muestran espontáneamente una predilección característica por las cuestiones más insolubles,
por los temas más radicalmente inaccesibles a toda investigación decisiva. Por un contraste
que, en nuestros días, debe parecer al pronto inexplicable, pero que, en el fondo, está en plena
armonía con la verdadera situación inicial de nuestra inteligencia, en una época en que el
espíritu humano está aún por bajo de los problemas científicos más sencillos, busca
ávidamente, y de un modo casi exclusivo, el origen de todas las cosas, las
causas esenciales,
sea primeras, sea finales, de los diversos fenómenos que le extrañan, y su modo fundamental
de producción; en una palabra, los conocimientos absolutos. Esta necesidad primitiva se
encuentra satisfecha, naturalmente, tanto como lo exige una situación tal, e incluso, en efecto,
Librodot Discurso sobre el espíritu positivo Auguste Comte
tanto como pueda serlo nunca, por nuestra tendencia inicial a transportar a todas partes el tipo
humano, asimilando todos los fenómenos, sean cualesquiera, a los que producimos nosotros
mismos y que, por esto, empiezan por parecernos bastante conocidos, según la intuición
inmediata que los acompaña. Para comprender bien el espíritu, puramente teológico, resultado
del desarrollo, cada vez más sistemático, de este estado primordial, no hay que limitarse a
considerarlo en su última fase, que se acaba, a nuestra vista, en los pueblos más adelantados,
pero que no es, ni con mucho, la más característica: resulta indispensable echar una mirada
verdaderamente filosófica sobre el conjunto de su marcha natural, a fin de apreciar su
identidad fundamental bajo las tres formas principales que le pertenecen sucesivamente.
4.—La más inmediata y la más pronunciada constituye el fetichismo propiamente dicho,
que consiste ante todo en atribuir a todos los cuerpos exteriores una vida esencialmente
análoga a la nuestra, pero más enérgica casi siempre, según su acción, más poderosa de ordinario.
La adoración de los astros caracteriza el grado más alto de esta primera fase teológica,
que, al principio, apenas difiere del estado mental en que se detienenlos animales superiores.
Aunque esta primera forma de la filosofía teológica se encuentra con evidencia en la historia
intelectual de todas nuestras sociedades, no domina directamente hoy más que en la menos
numerosa de las tres grandes razas que componen nuestra especie.
—En su segunda fase esencial, que constituye el verdadero
politeísmo, confundido con
excesiva frecuencia por los modernos con el estado precedente, el espíritu teológico
representa netamente la libre preponde-rancia especulativa de la imaginación, mientras que
hasta entonces habían prevalecido sobre todo el instinto y el sentimiento en las teorías
humanas. La filosofía inicial sufre aquí la más profunda transformación que pueda afectar al
conjunto de su destino real, en el hecho de que la vida es por fin retirada de los objetos materiales
para ser misteriosamente transportada a diversos seres ficticios, habitualmente
invisibles, cuya activa y continua intervención se convierte desde ahora en la fuente directa de
todos los fenómenos exteriores e incluso, más tarde, de los fenómenos humanos. Durante esta
fase característica, mal apreciada hoy, es donde hay que estudiar principalmente el espíritu
teológico, que se desenvuelve en ella con una plenitud y una homogeneidad ulteriormente
imposible: ese tiempo es, en todos aspectos, el de su mayor ascendiente, a la vez mental y
social. La mayor parte de nuestra especie no ha salido todavía de tal estado, que persiste hoy
en la más numerosa de las tres razas humanas, sin contar lo más escogido de la raza negra y la
parte menos adelantada de la raza blanca.
—En la tercera fase teológica, el
monoteísmo propiamente dicho, comienza la
inevitable decadencia de la filosofía inicial, que, conservando mucho tiempo una gran
influencia social —sin embargo, más que real, aparente—, sufre desde entonces un rápido
descrecimiento intelectual, por una consecuencia espontánea de esta simplificación
característica, en que la razón viene a restringir cada vez más el dominio anterior de la
imaginación, dejando desarrollar gradualmente el sentimiento universal, hasta entonces casi
insignificante, de la sujeción necesaria de todos los fenómenos naturales a leyes invariables.
Bajo formas muy diversas, y hasta radicalmente inconciliables, este modo extremo del régimen
preliminar persiste aún, con una energía muy desigual, en la inmensa mayoría de la
raza blanca; pero, aunque así sea de observación más fácil, estas mismas preocupaciones
personales traen hoy un obstáculo demasiado frecuente a su apreciación juiciosa, por falta de
una comparación bastante racional y bastante imparcial con los dos modos precedentes.
—Por imperfecta que deba parecer ahora tal manera de filosofar, importa mucho ligar
indisolublemente el estado presente del espíritu humano al conjunto de sus estados anteriores,
reconociendo convenientemente que aquella manera tuvo que ser durante largo tiempo tan
indispensable como inevitable. Limitándonos aquí a la simple apreciación intelectual, sería
por de pronto superfluo insistir en la tendencia involuntaria que, incluso hoy, nos arrastra a
todos, evidentemente, a las explicaciones esencialmente teológicas, en cuanto queremos
penetrar directamente el misterio inaccesible del modo fundamental de producción desobre el espíritu
positivo Auguste Comte.
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