jueves, 9 de agosto de 2012

Generales de Julio Martín

Hola soy Julio Martín
Actualmente soy maestro de Telebachillerato
Soy Pedagogo de profesión (UNACH-1993)
Tengo Maestría en Evaluación Educativa
Estudio el Doctorado en Educación (U. S.)

Para mí Mexico estaría mejor si tuviéramos mejores gobernantes con un alto grado de honestidad

donde no haya tanta corrupción e impunidad

pero no,  es todo lo contrario

me da tristeza ver nuestras calles y avenidas llenas de basura

contar con más de 60 millones de pobres y de éstos 10 en extrema pobreza

no hay castigo para los actores de cuello blanco

por eso hacen lo que quieren.

Me gustaría que se iniciará la segunda revolución

porque ya estamos hasta la coronilla de tantas traiciones a nuestra Patria y a nuestra constitución

dicen que no hay mal que dure cien años pero nosotros ya lo rebasamos

¡¡¡urge el cambio!!!

se roban a diario millones y millones de pesos que se obtienen de las ganancias de

nuestros impuestos, de pemex, de la  c.f.e.,   conagua y muchas instituciones más.

y quienes son los rateros

 "pues nuestros políticos que son grandes magos para desaparecer el dinero"
Si no Chequen a Comte:


Según esta doctrina fundamental, todas nuestras especulaciones, cualesquiera, están

sujetas inevitablemente, sea en el individuo, sea en la especie, a pasar sucesivamente por tres

estados teóricos distintos, que las denominaciones habituales de teológico, metafísico y

positivo podrán calificar aquí suficientemente, para aquellos, al menos, que hayan

comprendido bien su verdadero sentido general. Aunque, desde luego, indispensable en todos

aspectos, el primer estado debe considerarse siempre, desde ahora, como provisional y preparatorio;

el segundo, que no constituye en realidad más que una modificación disolvente de

aquél, no supone nunca más que un simple destino transitorio, a fin de conducir gradualmente

al tercero; en éste, el único plenamente normal, es en el que consiste, en todos los géneros, el

régimen definitivo de la razón humana.

I. Estado teológico o ficticio:

—En su primer despliegue, necesariamente teológico, todas nuestras especulaciones

muestran espontáneamente una predilección característica por las cuestiones más insolubles,

por los temas más radicalmente inaccesibles a toda investigación decisiva. Por un contraste

que, en nuestros días, debe parecer al pronto inexplicable, pero que, en el fondo, está en plena

armonía con la verdadera situación inicial de nuestra inteligencia, en una época en que el

espíritu humano está aún por bajo de los problemas científicos más sencillos, busca

ávidamente, y de un modo casi exclusivo, el origen de todas las cosas, las

causas esenciales,


sea primeras, sea finales, de los diversos fenómenos que le extrañan, y su modo fundamental

de producción; en una palabra, los conocimientos absolutos. Esta necesidad primitiva se

encuentra satisfecha, naturalmente, tanto como lo exige una situación tal, e incluso, en efecto,

Librodot Discurso sobre el espíritu positivo Auguste Comte


tanto como pueda serlo nunca, por nuestra tendencia inicial a transportar a todas partes el tipo


humano, asimilando todos los fenómenos, sean cualesquiera, a los que producimos nosotros

mismos y que, por esto, empiezan por parecernos bastante conocidos, según la intuición

inmediata que los acompaña. Para comprender bien el espíritu, puramente teológico, resultado

del desarrollo, cada vez más sistemático, de este estado primordial, no hay que limitarse a

considerarlo en su última fase, que se acaba, a nuestra vista, en los pueblos más adelantados,

pero que no es, ni con mucho, la más característica: resulta indispensable echar una mirada

verdaderamente filosófica sobre el conjunto de su marcha natural, a fin de apreciar su

identidad fundamental bajo las tres formas principales que le pertenecen sucesivamente.

4.—La más inmediata y la más pronunciada constituye el fetichismo propiamente dicho,

que consiste ante todo en atribuir a todos los cuerpos exteriores una vida esencialmente

análoga a la nuestra, pero más enérgica casi siempre, según su acción, más poderosa de ordinario.

La adoración de los astros caracteriza el grado más alto de esta primera fase teológica,

que, al principio, apenas difiere del estado mental en que se detienenlos animales superiores.

Aunque esta primera forma de la filosofía teológica se encuentra con evidencia en la historia

intelectual de todas nuestras sociedades, no domina directamente hoy más que en la menos

numerosa de las tres grandes razas que componen nuestra especie.

—En su segunda fase esencial, que constituye el verdadero
 

politeísmo, confundido con


excesiva frecuencia por los modernos con el estado precedente, el espíritu teológico

representa netamente la libre preponde-rancia especulativa de la imaginación, mientras que

hasta entonces habían prevalecido sobre todo el instinto y el sentimiento en las teorías

humanas. La filosofía inicial sufre aquí la más profunda transformación que pueda afectar al

conjunto de su destino real, en el hecho de que la vida es por fin retirada de los objetos materiales

para ser misteriosamente transportada a diversos seres ficticios, habitualmente

invisibles, cuya activa y continua intervención se convierte desde ahora en la fuente directa de

todos los fenómenos exteriores e incluso, más tarde, de los fenómenos humanos. Durante esta

fase característica, mal apreciada hoy, es donde hay que estudiar principalmente el espíritu

teológico, que se desenvuelve en ella con una plenitud y una homogeneidad ulteriormente

imposible: ese tiempo es, en todos aspectos, el de su mayor ascendiente, a la vez mental y

social. La mayor parte de nuestra especie no ha salido todavía de tal estado, que persiste hoy

en la más numerosa de las tres razas humanas, sin contar lo más escogido de la raza negra y la

parte menos adelantada de la raza blanca.

—En la tercera fase teológica, el


monoteísmo propiamente dicho, comienza la


inevitable decadencia de la filosofía inicial, que, conservando mucho tiempo una gran

influencia social —sin embargo, más que real, aparente—, sufre desde entonces un rápido

descrecimiento intelectual, por una consecuencia espontánea de esta simplificación

característica, en que la razón viene a restringir cada vez más el dominio anterior de la

imaginación, dejando desarrollar gradualmente el sentimiento universal, hasta entonces casi

insignificante, de la sujeción necesaria de todos los fenómenos naturales a leyes invariables.

Bajo formas muy diversas, y hasta radicalmente inconciliables, este modo extremo del régimen

preliminar persiste aún, con una energía muy desigual, en la inmensa mayoría de la

raza blanca; pero, aunque así sea de observación más fácil, estas mismas preocupaciones

personales traen hoy un obstáculo demasiado frecuente a su apreciación juiciosa, por falta de

una comparación bastante racional y bastante imparcial con los dos modos precedentes.

—Por imperfecta que deba parecer ahora tal manera de filosofar, importa mucho ligar

indisolublemente el estado presente del espíritu humano al conjunto de sus estados anteriores,

reconociendo convenientemente que aquella manera tuvo que ser durante largo tiempo tan

indispensable como inevitable. Limitándonos aquí a la simple apreciación intelectual, sería

por de pronto superfluo insistir en la tendencia involuntaria que, incluso hoy, nos arrastra a

todos, evidentemente, a las explicaciones esencialmente teológicas, en cuanto queremos

penetrar directamente el misterio inaccesible del modo fundamental de producción desobre el espíritu
 
positivo Auguste Comte.



 

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